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Ilustración de Anna Parini

Acabo leer un post de Xavier Guix, publicado en El País Semanal  y titulado “Menos calcular y más pensar” bastante interesante. Sin ánimo de agotar sus matices, se me ocurren unas cuantas reflexiones que nos pueden servir a los que nos dedicamos a educar, padres o educadores.

Ponemos demasiado énfasis en la obtención de los resultados y la búsqueda del éxito. Con ello no queremos decir que no sean importantes, sino que la preocupación excesiva por un resultado, un premio, que quiero aquí y ahora, buscado además con el mínimo de esfuerzo, trae algunas consecuencias que no son nada positivas. Ello nos ha conducido culturalmente a valorar lo práctico, a rehuir lo que requiere de tiempo y dedicación, a competir. Nos hemos instalado en un mundo en el que tenemos que ser los primeros, sacar sobresaliente, donde nos importan más los aprobados que lo aprendido. En este ambiente resulta difícil poder digerir las frustraciones cuando no llegan los triunfos, cuando no eres el número uno y llega el desengaño, la decepción.

Quizás no nos damos cuenta pero no enseñamos a nuestros jóvenes a afrontar la vida con sus dificultades, a valorar el esfuerzo, la lucha, la generosidad, la entrega, el aprendizaje… Éstos son valores que debiéramos fomentar. Hoy es urgente una educación emocional, que les ayude a fortalecer su autoestima, su capacidad creativa, su capacidad de trabajo, que muestre sus emociones y sepa digerirlas, que aprenda a convivir con los problemas, a vivir en definitiva. Si están armados intelectual y emocionalmente aprenderán a vivir.

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