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img_2926Quién no se ha visto alguna vez privado de algún derecho que le proporciona seguridad, muchas comodidades. Escribo esto justo en un momento en que desespero ante los vericuetos de la administración sanitaria y las políticas de compañías aseguradoras.

Enredado en ello leo una reflexión de José María Olaizola en su libro Mosaico humano titulada “Papeles“. En ella, el autor escribe cómo toma conciencia de que “en este mundo en el que vivo soy ciudadano en regla, con todos los papeles, permisos y derechos, con acceso a la documentación que necesito, cuando la necesito, previo paso por los trámites burocráticos del momento. Ciudadano de primera, con visado accesible para entrar en todo el mundo, con papeles que me abren muchas puertas”.

Qué será de aquéllos que sufren la ausencia de los papeles verdaderamente necesarios, continúa preguntándose el autor: “Aquellos que no tienen los permisos en regla, y por eso no pueden trabajar, o no pueden moverse para visitar a los suyos. Aquellos que no se pueden poner malos porque su trabajo pende del hilo de la salud. Quienes no tienen un sello que les abra las fronteras, ni una nómina que les otorgue la benevolencia de los bancos…”.

¿Debiéramos tener todos los papeles básicos? O al contrario, imaginamos un mundo en el que nadie necesitase esos papeles, sin papeles, sin más derechos que la dignidad básica de toda persona…

Gracias José María, que me sacas de mi ensimismamiento poco agradecido y me abres a la hondura de esta realidad.

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